martes, 28 de agosto de 2012

.


Soy muy enamoradiza. Lo sé. Hasta mi madre me lo dice. Qué lista es. Quiero parecerme a ella cuando sea más mayor. Es genial.
Hoy os escribo sobre el amor. En realidad, hay muchas clases de amores: el amor propio, el fraternal, el amor a los amigos etc. Pero yo no hablo de ése amor, yo hablo del amor entre personas, sin género que valga. Las personas se enamoran de otras personas, y da igual si son del sexo opuesto o no. La verdad, tengo muchos amigos y amigas homosexuales, incluso bisexuales. Lo veo lo más normal del mundo. Desgraciadamente, hay gente que ve esto como un problema, una enfermedad. Pues bien, los que tienen la enfermedad y el problema son ellos y ellas, los homófobos.
Volviendo al tema principal, he de confesar que me ilusiono muy rápidamente con la gente. Confío mucho en las personas, a la vez que desconfío. Esto es raro, pero a lo que me refiero es que muchas veces confío, y me fallan, Y otras desconfío por miedo, cuando no tengo nada que temer. Ése es uno de mis mayores quebraderos de cabeza.
Cuando se ha tenido una relación larga y estable, y eso se acaba, la verdad es que cuesta muchísimo emprender una nueva marcha. Empecé a salir con un chico a los ocho meses de cumplir los catorce, y lo dejé poco antes de hacer los diecisiete. Decidí acabar con la relación porque me di cuenta de que no sentía lo mismo, y que lo que en un principio había empezado a sentir por él, lo sentía por otro chico. No quería engañar a nadie. Ni siquiera a mi misma, negándome el hecho de que me desvivía por estar con otro más que con el que entonces era mi novio. Por cierto, el chico por el que me desvivía, tampoco lo sabe.
Poquísima gente sabe esto. Y la mayoría de los que lo lean y me conozcan, se estarán enterando ahora. Creé este blog para desahogarme, y contar, a quien lo quiera leer, qué es lo que pienso de mi misma, de mi vida, y de lo que me rodea, así como de otros temas que tengan que ver con el mundo en que vivo. Es una vía de escape a mis problemas, a mis miedos y a mi rabia. Escribiré aquí cuando pueda, cuando lo necesite, cuando crea que lo que hay dentro de mi necesita salir y ser gritado a los cuatro vientos.
En la actualidad, no sé cuál es mi estado sentimental. ¿El civil? Soltera, por supuesto. No sé si estoy enamorada, si lo que me lleva rondando la cabeza desde hace año y medio sigue ahí… Tengo un grandísimo lío en la cabeza. Es lo que decíamos: miedo a volver a empezar. O a empezar, en realidad. Tampoco voy a decir que perdí dos años de mi vida, pero realmente, ahora me doy cuenta de que quizás no tendría que haber sido tan seria la cosa.
Ahora estoy un poco descolocada. Ha aparecido gente nueva en mi vida, que me ha aportado mucho en poco tiempo. Alegrías, palabras bonitas, noches de paseos, estrellas y charlas tontas pero hermosas… decepciones, pero ¿sabéis qué?  
ME QUEDO CON LO QUE HE VIVIDO, PORQUE ESO YA NO ME LO QUITA NADIE.

Besitos

Mireia 

sábado, 18 de agosto de 2012


The writing pleasure… El placer de escribir. ¿Escribir? ¿Escribir para qué? ¿Para quién?

Las cosas se hacen por algo. Escribimos para desahogarnos, reímos para divertirnos y relajarnos, queremos para aprender a sentir.  

¿Y saber? ¿Para qué queremos saber? Muchas veces saber nos hace daño, pero al mismo tiempo nos prepara, nos hace más fuertes. Quizás eso es lo bueno de saber cosas que no nos resultan agradables al oído, a la vista etc. El hecho de que las sepamos nos prepara para las situaciones, las que se nos vienen encima, en un futuro inmediato, o las que pueda haber incluso en uno muy lejano.

Una vez pasado el ecuador del verano, de MI VERANO, he de decir que el balance no está del todo mal. No está resultando tan genial como yo esperaba, pero no tengo queja. He disfrutado con mis amigos, he viajado a un paraíso en las Islas Canarias, he conocido gente nueva, me he hecho dos horas y media de bus con un amigo genial para pasar tres días y dos noches que jamás olvidaré en un pueblo de Albacete. He reído, he besado, he abrazado, he llorado, y he llorado más al recordar las risas y los besos. Porque los veranos son únicos e irrepetibles, y siempre se recuerdan, los buenos y los malos momentos. ¡De los veranos se aprende muchísimo! Aprendes a establecer prioridades, a pasártelas por el forro, a ser tú misma, a besar, a querer, a llorar y a crecer. Y yo he aprendido todas esas cosas y más.

Tener amigos es genial. Ellos te dan la vida, comparten sus veranos contigo, comparten sus preocupaciones, sus dudas, sus alegrías y por tanto su vida. Todos participamos en la vida de los demás. Influimos en ellas, de una u otra forma, y eso es lo que nos va haciendo especiales.

Muchos besos!

Mireia