De pequeños nos dicen:
-Tú si no entiendes algo, pregunta. Que no te dé vergüenza, que preguntar no es de tontos, es de listos. Que los que preguntan son los que sacan buenas notas. Tú, pregunta.
Con mis 19 años, pienso que hoy en día preguntar no es cosa de listos, sino de valientes. Muchos no preguntamos, porque en realidad nos da miedo la respuesta. No nos vemos preparados para escuchar lo que no queremos, y nos quedamos como estamos, sin salir de dudas, sin atrevernos, sin actuar, sin disfrutar, y sin vivir tranquilos. Para muchos es así.
También digo que esto no va porque pretenda conocerlo todo, es decir, no quiero tener todas las respuestas, porque entonces no tendría nada por lo que mantenerme alerta, o curiosa, y nada me sorprendería si lo sé todo.
Justamente, las preguntas más fáciles son las que más miedo nos da que nos respondan. Un cuándo, un por qué, lo que sea.
-¿Y si me responde que blabla bla bla? Ay no, qué mal. Mejor no digo nada.
Admito que si, que quizá soy una cobarde. Pero aquí dejo escrito, que el día que tenga el coraje para preguntar, y la fuerza para aguantar hasta la peor de las respuestas, preguntaré.
Y entonces, seré una chica valiente.
Cuidaos mucho,
Mireia.