sábado, 27 de abril de 2013

Carta.

Querido Amor, 

la historia más bonita de todas es quizás la que nunca tuvimos. Aquellas tardes que podríamos haber pasado en un parque, o en una cafetería del centro. Pasear. Ir de vez en cuando al cine. Entrar a tiendas de ropa sin llevar dinero encima, solo por el hecho de pasar tiempo juntos y reírnos el uno con el otro, probándonos ropa, viéndonos como los más guapos. Otras tardes, en las que el juego consistía en quitarse la ropa, y no probársela, en ir por casa vestida con tu camiseta. Oler a ti, a nosotros, abrazarte y que me abrazaras, miles de besos, caricias y susurros que nos erizaban la piel. Esas tardes que no vivimos... maravillosas.

Noches de cara a las estrellas, para luego mirarte, y comprobar que no brillaban tanto si las comparabas con el brillo de mis ojos al verte. Noches de cenas, de fiestas, de estar con amigos, y de estar tú y yo. Que me acompañabas a casa, riendo, y de camino me decías que no me querías más, y sin  poder evitarlo, me mirabas con ojos de que si. Y entonces, yo me sentía segura, porque en tu mirada veía el amor que tus palabras me negaban entre risas y besos robados. Que me hacía la enfadada, solo para que tú me abrazaras  fuerte, y cada vez que me dejabas en la puerta, ya nos echábamos de menos. Que me llevabas loca, Amor, y eso que no lo vivimos. 

Si que es cierto, que la historia más bonita de todas es quizás la que nunca tuvimos, pero eso no me pone triste, no creas eso. La historia que nunca tuvimos es a su vez una historia, otra diferente, y esa si que la estoy viviendo contigo, y me encanta. 

Me despido, Amor, diciendo que jamás habrá historias más bonita, aunque solo de momento, porque a veces, Amor, el jamás, es algo temporal.

Mireia.

lunes, 22 de abril de 2013

Sentimientos y disimulos.


Esta noche me apetece escribir. No tengo sueño, pese a que estoy cansada, y aunque he dormido bastante como para recuperar las horas de sueño de esta semana, mi mente sigue dando vueltas, y hoy vengo aquí, como siempre que lo necesito, a desahogarme. Últimamente he estado con bastantes bajones, una mala racha supongo, los exámenes y trabajos, situaciones varias y eso de no poder dormir. El conjunto de esas cosas me ha machacado muy mucho, y no sé si es por unas cosas más que por otras, pero estoy cansada, cansada mentalmente.

Mis amigos saben cómo soy. Me siento mal por muchas cosas, casi todo me molesta, me enfado, soy una llorica… Y aun así me aguantan, están ahí, siempre. Pero eso no evita que me siga sintiendo mal. ¿Por qué no podemos elegir cuando sentir, y cuando no? Sentir no siempre es sinónimo de sufrir, pero cuando estas dos palabras van relacionadas, el dolor que causan es tan fuerte que hasta se nos va la respiración. Alguien me dijo una vez, que cuando tu estado de ánimo depende de otra persona, la has cagado. Bien. ¿Y si mi estado de ánimo depende de la gente que me rodea, y nadie parece estar feliz? Todos tenemos problemas, está claro, pero cuando alguien que te importa no está bien y no puedes hacer nada por ayudar, te hundes, o al menos, eso me pasa. Tampoco es que eso ayude, claramente, siempre hay que intentar sacar lo mejor de nosotros mismos y hacer sonreír a la otra persona. Es una de las cosas más bonitas que se puede hacer por alguien. 

        Muchas veces, nos toca callar y esconder nuestro verdadero estado de ánimo, porque alguien que nos importa también está sufriendo por algo, y entonces hacemos como si nada nos pasara, y con eso y más, intentamos ayudar a los amigos, a la gente que queremos.

        Nunca he creído un en un dicho tanto como ahora… eso de que “Quien bien te quiere te hará llorar.”, o lo de “¿Qué pasa cuando la persona por la que lloras, es la única que puede hacer que sonrías?” Pues eso, amigos, son putadas, y muy ciertas. Cuando el origen del problema es también el origen de la solución, es complicado salir de ahí. Algunas veces, no queremos, y otras, no podemos. Intentar negar lo que sentimos, lo que nos parece bien o mal, disimular. Siempre se me ha dado fatal eso de disimular. 

      Quizá tampoco sea malo no saber disimular, no saber ocultar los sentimientos eso nos hace más transparentes, más puros, aunque también más vulnerables, pero al fin y al cabo, es algo que no se puede evitar.


       Mireia.