Cuando nos planteamos hacer algo, y nos lo planteamos con firmeza, lo normal es que lo consigamos, ¿no?
Si me pongo a pensar en lo que me he propuesto conseguir, y en lo que he conseguido, creo sinceramente que he sido tonta. Tal vez he logrado con más o menos éxito todas aquellas cosas que tienen que ver con los estudios, y con sectores que la cabeza es capaz de controlar, ¿pero qué ha pasado con todo lo demás?
Cambiar mi carácter, bastante fuerte muchas veces, mis prontos, mis malas contestaciones a la gente que menos lo merece, y todo por no saber controlar. Por ser, quizá, egoísta y quejica, y seguramente muchas cosas más. Cambiar mis hábitos, en cuanto al estudio, a las cosas que hay que hacer en casa, aprender a ser más responsable, cambiar de mi cuerpo todo lo que no me gusta, y cambiar la forma en la que me tomo las cosas.
Los rebotes en mi son constantes, lo sé. Y pido perdón, pero el perdón ya no basta, me lo dice mi padre. La cosa está en cambiarlo, en hacer lo posible por evitar ciertas conductas y ciertos hábitos. Dicen que las manías no las curan ni los médicos, pero sé que esto no son manías. Más bien, son cosas que en el fondo, no queremos cambiar.
Me doy cuenta de que si mi situación no ha cambiado ya, es porque en el fondo no he querido, y ahora sí que toca cambiar de verdad, o al menos, intentarlo con ganas, muchas ganas.
Mireia.
No hay comentarios:
Publicar un comentario